Argentina no necesita inventar un modelo de gestión de residuos: ya tiene uno que funciona, aunque limitado a un solo lugar del país. El Complejo Ambiental Norte III, operado por CEAMSE en Campo de Mayo, concentra cerca del 85% de todos los residuos que ingresan al sistema metropolitano —unas 18.000 toneladas diarias entre la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense— y ya cuenta con plantas de tratamiento de lixiviados, generación eléctrica a partir del biogás (23 MW en 2020, en camino a 33 MW en 2026) y estaciones de transferencia coordinadas entre decenas de municipios. En abril de 2026, un estudio satelital de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) señaló a ese mismo complejo como el mayor emisor de metano entre rellenos sanitarios del mundo durante 2025 — un dato que, según CEAMSE, no tiene en cuenta la escala real del volumen que procesa ni la eficiencia relativa de su operación. Más allá de esa discusión metodológica, el episodio deja algo claro: incluso el sistema más avanzado del país todavía quema biogás que podría convertirse en electricidad, en lugar de aprovecharlo.
Fuera del área metropolitana, la realidad es mucho más fragmentada. La provincia de Buenos Aires, pese a contar con doce plantas de recuperación, apenas logra recuperar el 10% de lo que gestiona. En el resto del país, la situación es todavía peor: 5.000 basurales a cielo abierto siguen activos, y en zonas como el Área Metropolitana de Gran Resistencia, en Chaco, apenas se recicla el 1,13% del plástico que se genera. Cada municipio gestiona sus residuos por su cuenta, con su propia infraestructura —cuando la tiene— y sin la escala necesaria para invertir en separación, reciclaje o generación de energía. Este plan propone lo contrario: llevar la lógica de consorcios regionales, ya probada en el área metropolitana, a todo el país, en lugar de que miles de sistemas aislados repitan cada uno, por separado, la misma inversión que ya se demostró que rinde mejor a escala.
Ninguna de estas piezas parte de cero: la mayoría ya existe en algún lugar del país. El desafío es conectarlas y llevarlas a escala nacional.
| Eje | Inversión estimada | Plazo | Resultado esperado |
|---|---|---|---|
| Red Federal de Centros Regionales | USD 400M | Años 1 a 4 | Consorcios regionales en las principales conurbaciones del interior |
| Captura Energética de Biogás | USD 90M | Años 1 a 3 | Fin de la quema de biogás sin generación eléctrica |
| Reciclaje Inclusivo y Separación en Origen | USD 60M | Años 1 a 4 | Reciclaje formal por encima del 6% actual |
| Industria de Ladrillos de Plástico | USD 30M | Años 1 a 3 | Producción a escala industrial en al menos 4 provincias |
| Tratamiento de Escombros y Monitoreo Ambiental | USD 60M | Años 1 a 4 | Capacidad ampliada y datos ambientales propios y públicos |
| TOTAL DEL PLAN | USD 640M | 2027-2030 | Sistema de residuos federal, con energía y reciclaje reales |
Argentina ya tiene, en el área metropolitana, un sistema de tratamiento de residuos que genera electricidad, trata lixiviados y coordina a decenas de municipios. El desafío es llevar esa misma lógica al resto del país, en lugar de que miles de sistemas aislados repitan, cada uno por su cuenta, la misma inversión que ya se demostró que rinde mejor a escala. El Plan Nacional de Gestión Integral de Residuos no promete tecnología que no exista: promete conectar, escalar y federalizar lo que Argentina ya sabe hacer.