El hidrógeno verde es, sin exagerar, una de las mayores oportunidades de desarrollo energético que tiene la Argentina: el país cuenta con algunos de los mejores recursos eólicos y solares del mundo, condiciones ideales para producir este combustible del futuro a gran escala y exportarlo a un mercado global que recién está naciendo. Por eso, cuando en 2021 la empresa australiana Fortescue anunció una inversión de 8.500 millones de dólares para instalar en Río Negro lo que sería uno de los polos de hidrógeno verde más grandes del mundo, la noticia se presentó como un hito histórico. Cinco años después, el proyecto apenas superó la etapa de estudios de impacto ambiental y mediciones de viento, y la propia empresa reconoce que su ejecución depende de una ley de regulación nacional que, a mediados de 2025, todavía no había conseguido dictamen en el Congreso.
El freno no es solo burocrático. La provincia de Río Negro cedió 625.000 hectáreas de tierras fiscales por hasta 75 años a la empresa extranjera, en un acuerdo que generó fuertes críticas legislativas por las condiciones de la cesión y por el uso proyectado de agua desalinizada en una de las zonas más áridas del país. A esto se suma la inestabilidad macroeconómica que, según reconoce la propia Fortescue, es "necesaria" de resolver junto con un marco regulatorio eficiente para poder avanzar. Otras provincias, como Santa Cruz y Chubut, firmaron memorandos de entendimiento similares que tampoco muestran avances concretos. El resultado es una oportunidad real, atada casi por completo a la suerte de un solo proyecto y una sola empresa, sin que el Estado nacional haya construido todavía las reglas claras que el propio sector pide para invertir en serio.
El potencial natural del país no está en discusión. Lo que falta es la política de Estado que lo convierta en producción real.
| Eje | Inversión estimada | Plazo | Resultado esperado |
|---|---|---|---|
| Marco Regulatorio y Fiscalización | USD 30M | Año 1 | Ley Nacional sancionada y reglamentada |
| Infraestructura Habilitante | USD 200M | Años 1 a 4 | Puertos, agua y conectividad energética para múltiples proyectos |
| Cadena de Valor y Proveedores Locales | USD 100M | Años 2 a 4 | Empleo e industria nacional asociada al sector |
| Monitoreo Ambiental y Comunidades | USD 40M | Años 1 a 4 | Garantías reales de acceso al agua y participación local |
| TOTAL DEL PLAN (inversión pública) | USD 370M | 2027-2030 | Condiciones para apalancar miles de millones en inversión privada real |
En 2021 el mundo escuchó que Argentina sería un polo mundial de hidrógeno verde. Cinco años después, lo único que hay son estudios de impacto ambiental, mástiles de medición y una ley que no consigue dictamen en el Congreso. El potencial natural del país —viento y sol de clase mundial— no está en discusión. Lo que faltó fue la decisión política de construir, a tiempo, las reglas claras que la propia industria pide para invertir en serio. El Plan Nacional de Hidrógeno Verde no promete una nueva inversión: promete que la que ya se anunció, y las que vengan después, se conviertan por fin en plantas funcionando.