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Tengo tres hijos, que asisten a nivel inicial y primario. Soy pediatra, y ante todo soy mamá. Pero además soy miembro de una sociedad y de una humanidad en contexto de pandemia.

Mis hijos no volverán a clases presenciales. Y soy consciente de todo lo que pierden por no asistir a la escuela. La decisión no es fácil. Quisiera igual que el resto de los padres que se reencontraran con sus compañeros en el patio del colegio, cantaran el himno y llevaran sus mochilas cargadas de expectativas, de sueños, de responsabilidad y de juegos al aula y al recreo.
Sin embargo, y bajo mi responsabilidad y la de su papá, no volverán a clases presenciales porque sostenemos que el derecho a la educación debe ser garantizado sin afectar el derecho de los niños y de toda la comunidad a la salud.

Nuestros hijos no volverán al aula hasta que sea seguro.

Seguro para ellos, pues ante la actual situación mundial nadie sabe cuánto ni cuándo mutara este virus si continuamos propiciando su propagación sin control y con qué consecuencias. El desconocimiento sobre los mecanismos fisiopatológicos de los diferentes síndromes que produce el COVID es aún enorme. Los casos graves en niños son poco frecuentes, pero en el contexto de clases presenciales sumadas a una alta circulación viral sólo pueden multiplicarse. Cuando ese bajo porcentaje le toca a uno, les aseguro se convierte en el 100%.

Seguro para sus abuelos, que aún no están vacunados. Y aunque podamos evitar que los visiten, estaríamos contribuyendo a elevar la cascada de contagios y su riesgo (según se ha probado en las áreas del mundo que actualmente cursan una tercer ola y han tenido que cerrar las escuelas para evitar el aumento de la circulación viral).

No volverán porque sus primos, cuyos padres son de riesgo y no están vacunados, no pueden volver. Y esa es la situación de miles de niños y docentes convivientes con familiares de riesgo en todo el país. ¿Cómo explicarles que todo el cuidado colectivo por el que se han esforzado tanto y el cual han aprehendido ya no es válido? ¿Cuál es la enseñanza sino que la salud es colectiva y es lo primero a cuidar?

No volverán a clase porque no voy a exponerlos a un regreso que inevitablemente llevará a la frustración de un nuevo confinamiento (pues existirán contagios en las aulas con el consiguiente aislamiento de los grupos de niños y sus docentes).

Finalmente no volverán porque existe un plan de vacunación que en los próximos meses podría inmunizar a la población de riesgo y contribuir a disminuir la circulación viral, garantizando un regreso seguro a la presencialidad, que implique un riesgo mucho menor de enfermar o de enfermar a otros, familiares o no. Ante este panorama no entendemos cuál es el objetivo de apurar una presencialidad que será accidentada no sólo en su continuidad, sino además en el costo en morbilidad y mortalidad que pagaremos como comunidad.»

Georgina Di Gennaro
Médica especializada en Pediatría.

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